Con ocasión del fallecimiento de un familiar, puede pedirse la celebración de una misa por el perdón y salvación del difunto. Como toda celebración católica, tiene cierto componente humano (se reúne la familia, se da el pésame, se llora, se recuerda...), pero la liturgia en sí no es un homenaje ni un recuerdo al difunto, no se habla de él. En la liturgia se habla de Dios, habla Dios, y hablamos a Dios del difunto, pidiendo por él y su salvación.


    En cada Eucaristía se hace presente el ofrecimiento y sacrificio de Jesucristo al Padre por nuestra salvación, y en una misa exequial lo que hacemos es pedir específicamente que la salvación obrada en Cristo dé fruto concreto en alguien recién fallecido: que sea perdonado, que pueda entrar a la presencia de Dios, que pueda esperar, unido a los santos, el día de la Resurrección y podamos encontrarnos de nuevo ese Día.


     Ordinariamente celebramos las misas exequiales los martes, miércoles y viernes a las 20.00h. Pero les pedimos siempre que, primero, piensen en la opción de celebrarlo a las 19.00h. con toda la comunidad parroquial, opción más que preferible si la familia no suele participar habitualmente de la misa o no va a comulgar, así evitamos que sea el sacerdote celebrante el único que hable, responda, lea y comulgue.